¿Crisis? ¡No!, es una oportunidad.

 A lo largo de la vida siempre vamos a toparnos con momentos que parecen caóticos, injustos o simplemente demasiado pesados. Pero algo que he ido aprendiendo a veces a la fuerza es que una crisis no siempre es el final de algo; muchas veces es el inicio de un cambio que necesitábamos y que no habíamos querido ver. No lo digo desde un optimismo falso, sino desde la experiencia misma. Como cuando estoy llena de deberes de la universidad, sin saber por dónde empezar, o cuando en casa mis hermanos hacen desorden, gritan y me sacan de quicio. En esos momentos, la primera reacción es frustrarme… pero después me doy cuenta de que justo ahí es donde más aprendo sobre mí misma.

Las crisis tienen una manera muy particular de empujarnos a crecer. Cuando todo está tranquilo, es fácil quedarse en lo cómodo, repetir rutinas y evitar lo difícil. Pero cuando algo se rompe una relación, un plan, un ritmo de vida nos toca enfrentarnos a lo que realmente somos. Incluso en la vida académica pasa: un mal día, un mal examen o un proyecto que se complica pueden parecer una caída, pero muchas veces terminan convirtiéndose en la motivación para mejorar o para reorganizarnos.

A mí me pasa constantemente que cuando las cosas se ponen difíciles, primero siento que no puedo con todo. Pero luego me doy cuenta de que justamente en esos momentos saco habilidades que no sabía que tenía: paciencia, creatividad, organización… o al menos, la capacidad de respirar hondo y continuar. Incluso convivir con mis hermanos cuando están insoportables me ha enseñado a tener más empatía y tolerancia. Y aunque no lo parezca, esa misma habilidad ayuda muchísimo al momento de trabajar con otras personas, hacer deberes en grupo o incluso resolver conflictos con un vecino.

Ver la crisis como una oportunidad no significa romantizar el sufrimiento, sino entender que el movimiento aunque incomode nos obliga a transformarnos. Las dificultades son ese empujón que nos hace mirar de nuevo lo que estamos haciendo y decidir si queremos seguir igual o cambiar. A veces la vida nos aprieta solo para mostrarnos que somos capaces de más de lo que imaginábamos.

Por eso, la próxima vez que algo se complique, en lugar de pensar “¿por qué a mí?”, vale más preguntarse “¿qué puedo aprender de esto?”. Quizá la respuesta no llegue en ese mismo momento, pero tarde o temprano la crisis termina revelando su verdadero propósito: abrirnos una puerta que antes no veíamos.



Bibliografia:

  • Goleman, D. Inteligencia emocional.

  • Frankl, V. El hombre en busca de sentido.

  • Robbins, S. P., & Judge, T. A. Comportamiento organizacional.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El mundo al revés por Tamara Cepeda … así es como no veo el mundo

Técnicas para priorizar personas, recursos, tareas y actividades.